DT chileno en Indonesia: «Si acá alguien se queda en casa, al otro día no tiene qué comer»

  • Entrevista: Felipe Silva para AS.com

Luis Hicks es un ex futbolista y actual director técnico chileno que nació el 27 de noviembre de 1977 (42 años) en Puerto Natales. Es formado en Provincial Osorno, donde debutó profesionalmente en 1997, en la Primera División.

Tras tres años en los “Toros”, siendo clave en la zaga, Hicks emigró a Rangers. En el elenco de Talca solo estuvo una temporada, al igual que en Unión Española en el siguiente curso. Y fue así como comenzó su aventura en el Sudeste Asiático.

PSMS Medan (2003-2006), Medan Jaya (2007), Persikabo Bogor (2007) y Medan Chiefs (2011-2012) fueron sus equipos en Indonesia, mientras que Sengkang Punggol (2008) y Woodlands Wellington (2009-2011) lo fueron en Singapur.

Luego de su carrera como jugador, Hicks decidió convertirse en entrenador. Ese rol lo viene desempeñando ya hace varios años en Indonesia, donde actualmente es profesor en una escuela de fútbol formativo.

Su currículum como DT, por cierto, también contempla una experiencia en una academia formativa del Chelsea en Singapur. Ese vínculo le permitió, incluso, conocer las instalaciones de los “blues” en Inglaterra.

Luis Hicks es un tipo cordial, bastante extrovertido y con un sentido del humor bien marcado. Lo dejó en claro en la entrevista que, por vía telefónica, le concedió a AS Chile. Pese a que en Indonesia ya era bastante tarde (cerca de la medianoche), el ex defensor no escatimó en tiempo para conversar de lo que vive en el país asiático, a raíz del brote del coronavirus.

Está sorprendido de cómo la gente no le toma el peso a la situación, que por estos días tiene en alerta a todo el mundo. Aunque advierte que la gente tiene una razón para continuar en las calles: gran parte de la población depende del día a día y del comercio ambulante.

De la misma forma, sostiene que la religión, por ejemplo, también es un factor. Básicamente porque el 90% de la nación es musulmana y, por lo mismo, la convicción que rodea ese entorno es muy fuerte. Esto llega al punto de congregar a 9.000 individuos en una mezquita, pese a la crisis sanitaria. Esta es la historia de Luis Hicks en Indonesia…

“La gente sigue en las calles”. Así define Luis Hicks (42), en conversación con AS, el escenario que se vive en Indonesia pese a la crisis sanitaria del Covid-19. El entrenador chileno, quien trabaja en una escuela de fútbol formativo en el país asiático, no logra entender cómo esa población -con más de 500 infectados y más de 40 fallecidos a raíz de la pandemia- no entra en razón.

El ex zaguero de Provincial Osorno, radicado hace ya 17 años en Asia, además, no confía del todo en el gobierno indonesio, aunque rescata el plan para contrarrestar el brote. “Quieren implementar un test rápido puerta a puerta y dos pastillas. Una, por ejemplo, es para la malaria y, dicen, reduce el contagio por coronavirus”, señala el DT desde su hogar en Yakarta, la capital.

– ¿Cómo han sido estos últimos días en Indonesia?

– Está relativamente igual que en el resto del mundo, pero demoraron harto en anunciar el primer caso de coronavirus (principios de marzo) y es algo bien confuso. No sabemos si el gobierno está dando la información real, porque en el resto de los países de la zona ya había casos hace bastante rato. A lo mejor era para no alarmar. Ahora han salido casos y casos y ya van más de 400. Y se espera que sean 700.000. Se han cerrado los colegios, las oficinas públicas y se ha restringido la locomoción. Sin embargo, yo no veo mucha consciencia. Las personas no se quedan en sus casas y, por lo mismo, es probable que la fuerza armada actúe, ya que habrá estado de emergencia en Yakarta.

– ¿De qué manera pasa la cuarentena?

– Las clases están suspendidas en la compañía de fútbol, pero continúo planificando en mi casa. He estado toda la semana aquí. No he querido salir. Y si es que lo hago es solo para cosas importantes, como ir al supermercado. Hay que quedarse en el hogar y tener empatía con el resto, pues el brote será muy fuerte.

– ¿Hay histeria colectiva por allá?

– La verdad que no, por lo que te decía. Las personas no le han tomado el peso a la situación. Pasa por un tema cultural-educativo, que es relativamente bajo. Es una población que depende mucho del día a día. Por ejemplo, un tipo puede acatar lo que dice el gobierno, de quedarse en su casa, pero no va a tener qué comer mañana. La religión también es un tema. Te doy otro ejemplo: un gobernador puede decir que las mezquitas se suspenden y otro gobernador puede manifestar que las misas deben continuar, porque estamos supeditados a la suerte de Dios. Es complicado. La religión musulmana está casi a la par con la salud.

– ¿El ambiente lo atemoriza?

– Sí, obviamente. Veo la televisión y sé que los números se van a incrementar de un día para otro. Esto se va a salir de control…

– ¿Cómo ve lo que pasa en Chile desde tan lejos?

– Con las nuevas tecnologías uno está al tanto de lo que sucede allá. Pese al problema social, a este tema hay que tomarle el peso. No es mentira. Escucho mucha gente que dice que es una confabulación del gobierno. Te digo: estoy al lado y va a golpear fuerte. Singapur, que está cerca de acá, teniendo todos los medios, lo mejor de Asia, no ha podido frenar al virus.

– Imagino que su familia debe estar alerta a lo que pasa con usted…

– Claro. Nos comunicamos todos los días. Por WhatsApp, una videoconferencia o un llamado. Ellos están al tanto, pendientes. Uno también se preocupa por los amigos, conocidos y el país en general.

– ¿Qué opina de la gestión de Sebastián Piñera?

– No sé si reír o llorar. Escucho sus discursos y me dan vergüenza ajena. Es momento de un cambio. Yo nunca pensé que Chile se transformaría en lo que es ahora. Es un campo de guerra, manda el más fuerte. Es muy descarado todo lo que se ha sabido y la gente se manifestó luego de vivir en silencio. Pero esto no es solo de Piñera, sino que viene de mucho más atrás.

– ¿El brote del coronavirus “salvó” momentáneamente a Piñera?

– Sí, porque la gente iba a seguir manifestándose. La campana vino en auxilio del gobierno. Y en la salud tampoco han hecho mucho. Jaime Mañalich es un desastre, un ‘Tony Caluga’. Tengo amigos del ámbito que no tienen insumos, y él ha dicho que hay un gran sistema. No sé cómo se asesoran estos tipos…

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