Educación y Pandemia: ¿Qué nos dejó el 2020?

Desde el inicio de la pandemia por COVID-19 en Chile, cuyos primeros casos se registraron en marzo del 2020, se han aplicado una serie de medidas tendientes a detener la propagación del virus. Parte de estas medidas tienen que ver con la suspensión de actividades presenciales en diversas áreas del funcionamiento del país, priorizando el desarrollo de actividades de forma telemática. El ámbito educativo no ha sido la excepción.

Desde la suspensión de las clases presenciales, cientos de comunidades educativas han debido reorganizar su funcionamiento, tratando de encontrar la mejor fórmula para acercar los contenidos a las y los estudiantes en los distintos niveles. Sin embargo, este acercamiento no ha estado exento de desafíos para profesores y profesoras, estudiantes, apoderados y apoderadas y de las familias chilenas con integrantes en la educación pre básica, básica y media en general.

Finalizado el 2020 e iniciando un 2021 bajo una crisis sanitaria, resulta necesario hacer un repaso por los principales desafíos enfrentados por la educación chilena el pasado año.

Adaptarse a los desafíos

Sobre este tema, el Director Regional en La Araucanía y Los Ríos de la Fundación Enseña Chile, Álvaro Sanhueza, detalló que las principales complejidades identificadas durante el 2020 guardan relación con la conectividad, lo que, según explicó, se hizo notar con mayor fuerza en los establecimientos educacionales más vulnerables y en la zonas más rurales del país. Sanhueza aseveró que ante estas condiciones, cientos de profesores “han tenido que ejercer lo máximo de su creatividad para desarrollar distintas alternativas para llegar a los estudiantes”, asunto que, según comentó, no ha sido nada sencillo.

Para el Director Regional de Enseña Chile, y de acuerdo a las experiencias que pudo recoger con docentes, las dificultades de conexión han hecho que “las guías que se están repartiendo en algunos establecimientos, o que los apoderados van a buscar al mismo establecimiento, sea una herramienta que semanalmente entregue educación y con un compromiso familiar importante de por medio”, comentó.

Aquí, Sanhueza suma un importante punto: el acompañamiento de los estudiantes.
“Pensemos sobre todo en estudiantes de la educación básica que requieren acompañamiento para hacer sus tareas, donde la familia ha tenido que ejercer de guía para trabajar con ello. Eso ha obligado también a los profesores a comprometer mucho más a las familias”, aseguró Álvaro Sanhueza.

Respecto a este tema, detalló que el trabajo en casa es distinto para cada profesor y para cada estudiante, pues según explicó “los contextos familiares son bien complejos y diversos. Ese es un desafío que los profesores han tenido que ir sorteando para que, por un lado, puedan hacer una clase online, pero para que por otro, se puedan respetar los espacios”. A la falta de conectividad y los esfuerzos por lograr llegar a cada estudiante de forma remota, se suma el desafío de lograr entender el contexto de cada estudiante, sobre todo cuando esto tiene directa incidencia en el desarrollo de sus habilidades socioemocionales.

“Por un lado, está el trabajo pedagógico que se basa en enseñar una determinada materia, pero también el trabajo de desarrollar a la persona integralmente, lo que ha sido muy difícil de desarrollar a distancia”, afirmó el Director de Enseña Chile en Los Ríos.
Si bien hay quienes cuestionaron duramente la labor de los profesores, profesoras y equipos directivos de establecimientos de educación durante el 2020, resulta relevante destacar que las comunidades educativas, como las llama Álvaro, debieron desarrollar un trabajo incluso más allá de lo educativo.

“Hay equipos directivos que son para sacarse el sombrero el nivel de compromiso que han tenido”, comentó Sanhueza, añadiendo que “a veces, sin siquiera haber tenido la obligación de estar ahí (en los establecimientos de educación), estuvieron para trabajar y coordinar la entrega de materiales. Incluso hay equipos directivos que me comentaban que no sacaban nada con entregarles a los estudiantes una guía si están en la casa pasando frío, así que trabajaron buscando leña y ropa porque esta crisis no es solamente de salud, es una crisis social, económica”, cerró.

Así, los requerimientos de cada estudiante son, sin duda, parte importante de los desafíos de los docentes. Sanhueza cuenta que “tenía profesores que me decían que después de las 7 de la tarde recién podían empezar a enviar material porque antes hay apoderados que no están en la casa”, añadiendo que “ese cambio de dinámicas internas, que responden a las necesidades de las comunidades educativas, de los apoderados y de los estudiantes, ha sido un cambio brutal”.

Finalmente, y ante este panorama, el Director Regional de Enseña Chile destacó la importancia de entender que las y los docentes también forman parte de la población que se ha visto afectada en distintos ámbitos de sus vidas, asegurando que ha sido valorable “cómo los profesores, siendo uno más de los que sufre la pandemia, también se tuvieron que adaptar a lo que estaban sufriendo los demás”, cerró Sanhueza.

“Un proceso radical y desafiante”

A raíz de la pandemia por COVID-19, el proceso de enseñanza escolar que tradicionalmente es experimentado por los estudiantes en las salas de clase tuvo que ser modificado. Esta modificación, sin embargo, no fue sencilla, pues tanto docentes como estudiantes tuvieron la misión de adaptarse al mundo virtual, principalmente.

En este sentido, uno de los mayores que identificaron los profesores consultados para el desarrollo de este artículo fue crear una relación interpersonal significativa con los estudiantes, todo, a distancia. La docente de un colegio valdiviano particular, Javiera Henríquez, convirtió su habitación en su nueva sala de clases, lo que, al igual que muchos otros profesores y profesoras, complicó la división del tiempo para trabajar y el tiempo para las actividades personales.

Sobre su experiencia comentó que “dividir mis espacios de tiempo entre trabajo y espacio personal fue difícil, ya que todo ocurría en el mismo ambiente. Generalmente lo delimitaba cuando cerraba el computador”.

Sobre este mismo tema, el profesor de Pedagogía en Lengua Inglesa, Álvaro Molina, detalló que, afortunadamente en su casa “todos teníamos horarios similares, por lo que el tiempo familiar no se vio afectado, pero sí estábamos expuestos a ruidos externos y cosas imprevistas que en la sala de clases normal, no suceden.

Con respecto a la adaptación a la virtualidad, Henríquez mencionó que “el trabajo que como profesores tuvimos que hacer para impartir clases desde nuestros hogares fue bien autodidacta para todos. Finalmente, yo siempre digo que fue como hacer una mención profesional en clases online”.

Por su parte, Álvaro definió este proceso como “radical y desafiante”. En este sentido explicó que “realmente comenzar con las clases en línea fue un cambio en 180 grados y fue un proceso muy largo de adaptación. Creo que, si lo comparo hoy, mirando hacia atrás, puedo decir que estoy adaptado, pero fue un proceso que demoró bastante”.

Sin embargo, profesores como Javiera y Álvaro lograron que las clases online no sólo sirvieran para la enseñanza de contenidos.
“Decidí otorgarles un espacio para compartir qué es lo que están viviendo en el hogar, ya que, el encierro a nadie le viene muy bien tan prolongadamente. Esto funcionó bastante bien, en especial porque se transformó en un momento un poco más catártico, para ellos y para ellas”, mencionó Álvaro. A su vez, Javiera comentó que “antes yo llegaba al colegio y todos se abalanzaban sobre mí a contarme de su fin de semana, actualmente esto no es posible, pero decidí dejar cinco minutos para conversar sobre el día a día con mis estudiantes, para así volver a generar el vínculo afectivo, que es tan importante en la educación”, comentó Henríquez.

“Situación de docentes y educadores en contexto de pandemia” (2020)

A lo largo del año 2020, la organización sin fines de lucro, Elige Educar desarrolló dos encuestas para conocer la situación de docentes y educadores en contexto de pandemia. La segunda versión de este informe fue entregada en septiembre y en ella participaron cerca de 4.000 educadores, dentro de los cuales, 84 personas (2%), pertenecían a la región de Los Ríos.

Dentro de los hallazgos del informe, se reportaron mejoras en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación por parte de los docentes, pero también se reportaron cifras elevadas de estrés y presencia de psicopatologías asociadas a la modalidad online. Un 42% de los encuestados declaró que el área que se ha visto más afectada por los problemas asociados a esta nueva normalidad, son las relaciones interpersonales.

 

La ruralidad como factor clave

Respecto a cómo ha impactado la pandemia a los niños, niñas y adolescentes de la Región de Los Ríos, la estudiante de 4° año medio y Representante del Consejo de la Infancia Los Ríos, Dafne Haro, mencionó que en el caso regional un factor importante a considerar es el nivel de ruralidad de los y las estudiantes.

Según Haro, lo anterior cobra relevancia cuando muchos de ellos estudian en comunas centrales de la misma y desde sus hogares no contaban con los implementos, la conexión y los espacios necesarios para desarrollar correctamente el aprendizaje, que en su mayoría debió ser autónomo.

Dafne detalló que parte de las preocupaciones de los estudiantes se relacionaban con la pérdida de contenidos, “Muchos niños, niñas y adolescentes me han comentado que les preocupaba mucho que estas dificultades tuvieran consecuencias, por ejemplo, la pérdida del año escolar o la desventaja en el aprendizaje respecto a otros compañeros”. En este sentido aseguró que “ha sido importante comunicarnos y apoyarnos para cuidar nuestra salud mental y continuar trabajando y esforzándonos en cerrar el año escolar”, concluyó Haro.

“Cuidemos a nuestros niños” (2020)

El estudio se dividió en dos etapas y en la primera (realizada a 6 semanas del inicio de las cuarentenas en nuestro país) se puede ver que el impacto psicológico que ha traído el confinamiento a los niños y niñas del país se traduce en los principales resultados de la encuesta, que indica que el 61% de los niños y niñas de 0 a 11 años han aumentado los niveles de reactividad desde que comenzó la pandemia, así como el 42% se ha vuelto más hiperactivo e inquieto. “Los niños están con menos actividad que antes, entonces tienen menor gasto energético, algo que podría explicar por qué están más inquietos” explicó Andrea Cardemil.

En términos de vínculos familiares, el estudio revela que el 74% de los niños ha aumentado significativamente su nivel de demanda hacia el adulto que los cuida, “otros síntomas que observamos fue que están más desobedientes, se hace presente el miedo a que se enferme un familiar o ellos mismos, así como el aumento del apetito, cambios de humor y problemas en el sueño”, explica Josefina.

En la segunda etapa (realizada desde el mes de julio) el objetivo es observar la evolución de los niños considerando el tiempo. En esta etapa participaron 982 familias, 91% contaba con apoyo de otro adulto en tareas domésticas, el 87% llevaba más de 16 semanas en cuarentena y el 23% eran trabajadores de la salud. La realidad observada demuestra que los padres perciben que sus hijos/as comenzaron a presentar conductas agresivas, tanto físicas (35%) como verbales (30%), particularmente el 51% está más desafiante, el 32% pelea más y casi dos de cada diez niños y niñas, muestran tristeza sin razón.

“Estos datos nos preocupan porque son síntomas más internalizantes que no suelen molestar al adulto, y por ende, se les presta menos atención”, comentó la académica UAI Josefina Escobar, agregando que “como padres hay que estar atentos a los cambios de ánimo y procurar generar espacios que inviten a los niños a confiar y hablar de sus miedos y preocupaciones”, explicó. Otro factor relevante evidenciado en el estudio es el miedo y el sueño. Un 30% de los niños y niñas siente miedo a quedarse solo en una pieza y un 23% teme que un familiar se enferme. Respecto a la calidad de sueño, un 46% de los niños y niñas ha presentado dificultades para quedarse dormidos, un 21% se despierta durante la noche y un 13% está más inquieto/a cuando duerme.

“Que puedan expresar lo que sienten”

La Psicóloga Infantojuvenil con experiencia en el Programa de Integración Escolar en la Región de Ñuble, Belén Vivanco se refirió a este tema, haciendo hincapié en las dudas que han surgido respecto a las consecuencias psicológicas y emocionales que la educación a distancia ha traído para las y los estudiantes chilenos. En este sentido, la profesional explicó que las dudas más frecuentes de los padres y apoderados en torno al cuidado de la salud mental de niños, niñas y adolescentes en pandemia se relacionaban con “cómo mantener una rutina normal dentro de la casa sin poder salir y cómo explicarle a los más chicos lo que estaba pasando, buscando un equilibrio entre mantenerlos calmados, pero a la vez informados”.

Además, respecto a los y las adolescentes, comentó que las principales dudas de sus cuidadores eran en torno a las rutinas diarias, pero “principalmente enfocadas en el uso del teléfono celular y los hábitos de sueño, ya que en pandemia las y los jóvenes se sintieron en un “recreo”, en el cual era habitual el dormir y despertar tarde por estar conectados al celular y esto hacía que faltaran a sus clases o no realizaran las guías correspondientes”, comentó la psicóloga.

Vivanco añadió que de acuerdo a su experiencia durante el año 2020, en ambos casos “se trabajó con psicoeducación y apoyo de infografías, además de comunicación con los cuidadores vía WhatsApp para resolver sus dudas. Las principales informaciones enseñadas y difundidas eran en qué parámetros explicar la situación actual a los menores, técnicas de higiene del sueño, entre otras”.

Consultada sobre las principales consecuencias que se podrían evidenciar en niños, niñas y adolescentes tras el prolongado periodo de confinamiento y el escaso contacto social, Vivanco comentó que uno de los principales “síntomas” puede ser la labilidad afectiva, es decir, cambios de humor evidentes como irritabilidad o llanto. En niños y niñas, según detalló, esto sucede “a causa de que los menores fueron sacados de su rutina abruptamente y se ha generado una gran sensación de incertidumbre”.

En el caso de los y las adolescentes expuso que “se puede evidenciar un ánimo bajo y desmotivación, ya que ellos necesitan una interacción constante. Ante este escenario se aíslan y se sienten solos pese a tener vías de comunicación como el teléfono celular, ya que este no logra reemplazar la presencialidad”.

A lo anterior, se suman “cambios en el apetito y el sueño como síntomas que se recomienda a los padres y madres poder monitorear, así como cualquier cambio emocional que puedan tener sus hijos a hijas. Es importante en todos los casos permitir que los niños, niñas y adolescentes puedan expresar lo que sienten”, concluyó la profesional.

Las lecciones del 2020 y los desafíos para el 2021

Respecto a las lecciones que dejó el 2020, el Director de Enseña Chile en Los Ríos, Álvaro Sanhueza, destacó, en primer lugar, que “nadie estaba preparado para enfrentar esto, por lo tanto, cualquier iniciativa o decisión que se pudiera ir tomando en muchos casos fue una apuesta”. Sobre una eventual vuelta a clases presenciales durante el 2021, Sanhueza comentó que “volver a clases es una necesidad imperiosa por un tema académico y de saber a cuántos estudiantes estamos llegando, pero creo que es importante también la parte sanitaria y ante eso ver la factibilidad de volver”.

Respecto a este último punto, Sanhueza dijo esperar que las decisiones sean tomadas a nivel de cada comunidad educativa, pensando en sus necesidades y herramientas disponibles. Así, expresó que “si bien yo también considero que volver a clases es una necesidad muy, pero muy importante, las decisiones deben ser bien contextualizadas para que respondan a las necesidades locales de cada una de las comunidades”, añadiendo que “volver a clases es un profundo acto de confianza entre el colegio y la familia y puede ser un muro que divida a estos dos mundos o puede ser un puente que los una”.

De esta forma, Álvaro Sanhueza afirmó que se debe tener en consideración que “los profesores que decidan volver a clases van a vivir lo mismo que cualquier persona que tenga que volver al trabajo, con cierto nivel de incertidumbre y coordinaciones familiares que hacer”. Respecto al trabajo a realizar con los estudiantes, Sanhueza explicó que “este año va sin duda va a ser de priorización fuerte, saber cuáles son las generaciones que van a tener más pérdidas y asumir esas pérdidas”. Sin embargo, más allá de las proyecciones curriculares sobre el tema, el Director de Enseña Chile aseguró que lo más relevante será “saber cómo va a llegar cada estudiante a la sala de clases”.

Finalmente, llamó a “poner en ejercicio la empatía”, reiterando que “los profesores han tenido que vivir lo mismo que todos, dentro de sus posibilidades e incluso con recursos propios”, enfatizó.
Así, Sanhueza recordó que “nadie sabe lo que está ocurriendo al otro lado de una pantalla, de una mascarilla que está recibiendo una guía”. Por su parte, la psicóloga Belén Vivanco aseguró que “es importante que ante un posible retorno a clases presenciales este proceso sea desarrollado de forma progresiva para poder monitorear la forma en que los estudiantes van a reaccionar a este nuevo cambio”.

Además, recomendó que las rutinas en casa puedan desarrollarse con anterioridad a este eventual retorno, “ya que será importante para la readaptación a horarios preestablecidos para los estudios y el descanso”, concluyó Vivanco.

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