Las lideresas que ante la crisis, levantaron la olla común

Actividad donde se repartió comida en el campamento “Latinoamérica Unida” en  septiembre de 2020 en las Mulatas, Valdivia.

Durante el 2020 ninguna persona en Chile y el mundo, estuvo exenta de las consecuencias de la pandemia mundial provocadas por el virus del COVID-19. Las instituciones públicas del Estado, lideradas por el gobierno de Sebastián Piñera, no respondieron con soluciones concretas, ante la demanda de hambre que actualmente aqueja a la población precarizada económicamente en Chile. Por esto las comunidades en los barrios, poblaciones y campamentos de Valdivia y todo el territorio, se han organizado para apalear la crisis, mediante ollas comunes para entregar alimentos a sus vecinas y vecinos.

Las mujeres son las lideresas de las ollas comunes, las fundan y las mantienen con fuerza y sazón en la comida. Los varones también se hacen participes, pero la mayoría aún no pasan de ser ayudantes, y es que sucumben ante la ímpetu de estas aguerridas féminas. Ellas constantemente buscan aportes de alimentos y económicos, se articulan e invitan  a  todas las personas que quieran trabajar en la olla. A veces se agotan, pero de inmediato se levantan con los gestos de solidaridad que presencian día a día.

Los tiempos de crisis, no son nuevos para la sociedad chilena. En plena dictadura militar, durante los años 80’, se instaba un nuevo modelo, el neoliberalismo, que prometía el apogeo económico, lo que en realidad no ocurrió. La crisis económica y social llevó a la formación de ollas comunes en todos los barrios populares del país, y las mujeres fueron quienes desarrollaron las dinámicas de auto ayuda y subsistencia ante la crisis.

En Valdivia, la municipalidad y el gobierno regional de Los Ríos recién a principios de agosto de 2020, después de cuatro meses de que se propagó el COVID-19 en el mundo, comenzó a repartir las cajas con alimentos que dispuso el cuestionado presidente Sebastián Piñera, como medida por la crisis económica y sanitaria que se vive en Chile. Cuestión que no fue suficiente para aquellas familias que perdieron sus fuentes de ingresos y que viven en condiciones de extrema pobreza en la capital de Los Ríos, así lo explicitaba Lisbeth Kroon, vecina del campamento Norte Grande  3, quien en junio de 2020,dos meses antes de que se repartieran las cajas, decía para DiarioFutrono.cl que “acá vivimos inundados, en invierno casi no podemos salir. Además, estamos sufriendo los efectos del Coronavirus, por eso creo que de cada diez familias nueve están cesantes.”

Como consecuencias de la inoperancia de las autoridades gubernamentales, el hambre se fue transformando en una demanda social, lo que se ve graficado gracias a la Organización de la Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO en sus siglas en inglés),  que publicó en julio de 2020 el informe anual del “Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, el cual arrojó preocupantes resultados para Chile, ya que serían cerca de tres millones de personas que viven en una inseguridad alimentaria moderada, mientras que en condiciones severas, el número es de aproximadamente un millón de personas.

Faltan las autoridades y se multiplica la organización popular

En un catastro publicado en el fan page de Facebook de la Asamblea Comunal de Valdivia (ACV), se mostró que han sido 12 ollas comunes y 14 campañas solidarias las que se levantaron en Valdivia y Niebla, desde abril hasta diciembre de 2020. Estos números de forma dinámica, fueron en aumento en coherencia a la creciente necesidad de alimento de las comunidades de la ciudad y de la costa, producto de la falta de trabajo, producto de la pandemia.

Esta información fue recopilada  por Cecilia Urra Soto, analista de informática, quien es activa en el movimiento social de la región. Su identidad netamente valdiviana, la hace una mujer enamorada de su territorio y el pueblo que lo habita. Las calles del sector Corvi han acompañado su caminar y el de su familia durante toda su historia, desde la infancia hasta la consolidación de una mujer soltera que le entrega el valor de la solidaridad a sus hijos y a quienes la rodea.

Mediante un mapa donde se ven etiquetados los lugares donde se ejecutan las ollas comunes y las campañas, Cecilia, logró hacer más fácil ubicar los sectores donde se entrega ayuda, pero para ella, “queda pendiente analizar las características de estas ollas y campañas, sacar un porcentaje real de las raciones que se entregan por número de habitantes de los barrios, así se verá que las gente tiene más necesidades”.

Cecilia no se sorprende al ver a las mujeres liderando estos espacios solidarios y comunitarios, ya que “las mujeres son gestoras históricas de la organización popular en chile, quizás es por la sensibilidad de la mujer y su capacidad de actuar rápido cuando el Estado no ha garantizado el derecho a alimentarse, se levantan frente al despojo, ahí está la organización y la resistencia.”

Según la socióloga chilena Teresa Valdés libro

En el selvático y costero sur, específicamente en Niebla y Valdivia, se iniciaron ollas y campañas que se pueden ver en el catastro. En la intimidad de la cocina con peroles, se encuentran mujeres como la Mari, la Tati, Ana, Cecilia y la Gabi, cada una protagonista junto a sus amigas y compañeras, de la rica y fraterna olla común. Sus experiencias de vida se trenzan con la historia de las hijas, madres y abuelas que siempre cuando surgen las crisis, se organizan para sobrevivir solidariamente con a la comunidad.

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