El trabajo de las y los profesores continúa cada fin de semana después de clases con planificaciones y evaluaciones que requieren mucho más tiempo del que permanecen en los establecimientos. Esta dinámica se repite por años hasta que llega la etapa de jubilación que, en teoría, es el período para descansar.
Sin embargo, en el actual sistema de las administradoras de fondos de pensiones (AFPs) lejos de ser un momento para el descanso, parece ser una pesadilla.
Marina Barrientos tiene 66 años. Hace 39 ejerce la profesión que, según sus palabras, le cambió la vida. Con una sonrisa en su rostro afirma que ser profesora siempre estuvo en sus planes.
Lo que no pensaba, es que tantos años de trabajo culminarían en decepción, ya que su jubilación de 400 mil pesos no le permite costear todas sus necesidades al tener un hijo en la universidad.
“Educar es lo mismo que poner un motor a una barca, que medir, pensar, equilibrar y poner todo en marcha… Soñar que, cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada”, recitó el poeta español Gabriel Celaya. Hoy quienes han dejado su propia barca, cuentan las monedas para llegar a fin de mes. La historia de Barrientos refleja lo que viven miles de profesores al momento de vivir el tedioso momento de la jubilación. Retrasos en este proceso, años de espera para recibir bonos y sueldos bajos, son algunas de las dificultades que tienen que enfrentar.
Jubilaciones y bonos: espera en el aula
Año 2010. Irma Oyarzo está en la sala de clases de la Escuela Rural de Cumbre Alta, realiza ayudantías y no clases normales como solía estar acostumbrada. Aun así, los alumnos la escuchan con atención. Con calma en su cara, resuelve dudas, asiente ante las respuestas correctas y corrige las malas, pero en su interior, le invade la incertidumbre de cuándo será el día que llegará el dinero de su jubilación.
Irma fue profesora de educación general básica y cuenta su historia con mucha melancolía, pero también con positivismo. A pesar de las situaciones que vivió, no hay disgusto en su rostro y con voz decidida señala que “me encantaba ser profesora, pero no me gustó que, al llegar la edad de jubilar, me rebajaran tanto, me cambiaron las horas de clases por ser ayudante. Eso hizo que me sintiera rechazada”.
La edad de jubilación en Chile es igual para todos los trabajos. Las mujeres se jubilan a los 60 años y los hombres a los 65. Por ende, no existe una excepción para los docentes. Aun así, la diferencia que esta profesión tiene con otras es que no es bien remunerada desde el comienzo hasta su culminación, si se compara con la naturaleza de su trabajo, las horas extras y la dedicación requerida. Moisés Ortega, asesor previsional, mencionó que “las pensiones de los profesores son muy bajas, ya que a diferencia de otras profesiones cuando ellos comenzaron a trabajar ganaban un sueldo mínimo, lo que los condenó de por vida”.
Irma jamás pensó que el fin de su trabajo le conllevaría tantos problemas. Pasó meses sin saber qué día le pagarían su jubilación y cuando, finalmente, esta llegó a sus manos, apareció un nuevo conflicto. Estuvo doce años esperando recibir el bono post laboral. “Yo me tenía que jubilar con este bono, pero me jugaron chueco. Presenté mis documentos y desaparecieron en la Municipalidad de Los Muermos”, cuenta con desgano. Según información entregada en el portal de la Superintendencia de Pensiones, el bono post laboral se entrega de manera mensual a los trabajadores del sector público que tienen bajas tasas de reemplazo en sus pensiones y se entrega de por vida.
Los docentes del sector municipal pueden postular a los diversos bonos universales. Según un comunicado publicado en el portal de Chile Atiende por el Ministerio de Educación en enero de este año, los profesores que se retiraron antes del 31 de diciembre del año 2010 trabajaron por diez o más años en sectores municipales y su promedio mensual durante los seis meses previos a la postulación fue igual o menor a 200 mil pesos, pueden postular al bono docente que entrega un monto de 2 millones de pesos.
Irma sigue la conversación y afirma que, como ella, muchos de sus colegas esperaron por años a que llegara su jubilación, bonos que nunca tuvieron por malas gestiones municipales. Hubo colegas que murieron esperando la remuneración de la tan comentada deuda histórica. Hoy ve como única opción que en el futuro exista un aumento en el sueldo de los profesores para que, al momento del retiro, cuenten con el dinero para llegar a fin de mes.
Salario menor en mujeres, un problema de género
“Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mi carne…” recitó la poetisa y profesora Gabriela Mistral en “La oración de la maestra”. Actualmente, aquellas docentes que en diversas ocasiones cumplen ese rol maternal, preocupándose del bienestar de sus estudiantes y sus necesidades dentro y fuera del aula, son las más afectadas al momento de retirarse.
Son las 10 de la mañana. En medio de una clase Irma visualiza a una de sus alumnas con un color pálido. Se acerca y le toca la frente. Con el contacto asume que tiene fiebre. La profesora la lleva a su lado y le entrega la chaqueta que llevaba puesta para poder arroparla. La docente cuenta esta historia y reflexiona que “ser profesora es ser madre.
Muchas veces tuve que cuidar a mis alumnos porque estaban enfermos y al trabajar en una escuela rural, a veces los papás no podían ir por ellos, ya que se encontraban trabajando lejos del lugar”.
Según un informe que publicó el Ministerio de Educación en 2022, en Chile el 73% de las docentes son mujeres. Javier Martínez, presidente del Colegio de Profesoras y Profesores (CPC) de Valdivia, comentó que “pese a que las profesoras son mayoría, existe una brecha de género al momento de jubilar, debido a tres factores: dejaron de trabajar por algunos periodos para dedicarse a la maternidad; comenzaron su vida laboral tardíamente y jubilaron, por ley, antes que los varones”.
Germán Díaz, fue docente de matemáticas hasta que se jubiló a los 65 años con una remuneración de $600.000 mensuales. Actualmente sigue trabajando en el área administrativa de su establecimiento.
Al compararlo con Irma y Marina se puede evidenciar una desigualdad salarial debido al género, ya que ellas reciben un sueldo cercano a los 400 mil pesos. Marcia Romero, tesorera del CPC de Valdivia, comentó que “las profesoras tenían que dejar las salas porque el sueldo no da para pagar una niñera, lo que genera una discrepancia entre hombres y mujeres que se ve reflejada en el ámbito salarial desde el comienzo hasta el fin de la vida laboral”.
También hay quienes han tenido otra suerte, como es el caso de Marina Barrientos, profesora de ciencias naturales, quien relató: “Trabajé 44 horas desde que empecé a ser profesora. Era una cantidad extensa, pero tuve la oportunidad que mis hijos estudiaron en el mismo colegio que trabajo, por eso siempre los podía cuidar de cierta forma, pero conozco muchas colegas que no tuvieron ese mismo beneficio y se tornó un problema para ellas”.
A las profesoras desde el inicio se les ha adjudicado el rol de figura materna, quienes se involucran más en la vida de sus estudiantes que sus pares varones. Muchas veces deciden crear su vida propia, ser madres y tener una familia, pero lo que socialmente es considerado parte del ciclo de la vida para muchos, es una amplia labor que deben realizar fuera del horario laboral.
Si no existe una remuneración extra de por vida, se mantienen las malas pensiones al culminar su ciclo laboral. Se amplían las brechas de género existentes y se nota la poca preocupación por parte del Estado.
Valorar la profesión… ¿es la solución?
Marina entra a la sala, sus alumnos no le prestan atención. Hace lo posible para que estos se mantengan tranquilos y puedan entender la materia que está enseñando. Tras 15 minutos la sala se mantiene en silencio, pero ha perdido tiempo valioso para dar su clase. “Los profesores entregan demasiado, pero reciben poco”, una frase que puede ser inquietante para muchos, pero una realidad para otros.
Hoy el paradigma muestra que uno de los principales problemas respecto a la jubilación docente, es que la sociedad chilena no le ha tomado el peso a esta profesión. Roberto Klein, profesor jubilado perteneciente al Colegio de Profesores, señala que “la raíz principal del problema es que se ha perdido el valor de los profesores. Si eso no cambia todo seguirá igual”.
Si no se les da el valor necesario a los docentes, no se les respeta ni se les deja enseñar se torna aún más complejo obtener un cambio económico, “antes se le daba valor al profesor, nunca lo ha sido económicamente, pero antes se respetaba. Hoy ninguna de las dos. Si no se cambia eso, sí la comunidad, las autoridades y los políticos no le toman el peso a nuestra profesión, los cambios no van a llegar”, mencionó Marina Barrientos al culminar la conversación.
Desde la Seremi de Educación de la región de Los Ríos no se obtuvo una respuesta respecto a la baja pensión de los docentes y prefirieron desligarse del tema. Si la jubilación de los profesores no es un problema para las instituciones del Estado, ¿para quién lo será?
