El plástico desechado regresa como ingrediente en las comidas diarias

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Fragmentos de plástico flotando en la superficie del agua evidencian la presencia silenciosa de contaminantes que se dispersan en los ecosistemas acuáticos. Créditos: Daniel Ramírez.

Realizado por: Antonella Saenz, Antonia Serey, Daniel Ramírez y Tomás Rosas.

Partículas microscópicas de plástico presentes en ríos y mares han comenzado a incorporarse a la fauna acuática, lo que genera preocupación científica por su presencia en alimentos de consumo cotidiano y por sus posibles efectos en la salud humana.

En la ciudad de Valdivia, la Feria Fluvial constituye un punto central en la vida cotidiana de la comunidad, donde se comercializan productos del mar provenientes de ríos y de zonas costeras de la Región de Los Ríos. En este contexto, surge la preocupación por la presencia de microplásticos en los ecosistemas acuáticos y por su posible incorporación a la cadena alimentaria.

Esta investigación periodística tiene como objetivo analizar cómo estas partículas llegan a los alimentos destinados al consumo humano, qué efectos pueden generar en los organismos acuáticos y cuáles son los posibles riesgos para la salud humana. A partir de la evidencia científica y el testimonio de especialistas, el reportaje busca comprender su magnitud y aportar información clara sobre este problema ambiental.

¿Qué son los microplásticos?

Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico de menos de cinco milímetros que se encuentran ampliamente distribuidas en el medio ambiente. Debido a su reducido tamaño, pueden ingresar fácilmente a los ecosistemas y al organismo humano a través del agua, de los alimentos o del aire. Su importancia no radica solo en que contaminan el entorno, sino también en que pueden contener o transportar sustancias químicas conocidas como disruptores endocrinos, que alteran el funcionamiento normal del sistema hormonal. Estas sustancias pueden interferir en procesos esenciales como el crecimiento, el desarrollo, la reproducción y el metabolismo, convirtiendo a los microplásticos en un contaminante de creciente preocupación para la salud y el medioambiente.

Aunque hoy pueda parecer un concepto moderno, la preocupación científica por los microplásticos se remonta a 1972, cuando investigadores estadounidenses publicaron en la revista científica Science uno de los primeros registros de pequeñas partículas de plástico en el océano.

El término “microplásticos” no se incorporó al lenguaje científico hasta 2004, cuando el biólogo marino Richard Thompson lo introdujo en una publicación científica, en la que describió la presencia de fragmentos plásticos microscópicos en distintos ecosistemas.

En este contexto, la tecnóloga médica, Carolina Martín, especializada en microbiología y doctora en Ciencias, explica que los plásticos que se desechan en el medio ambiente no desaparecen por completo, sino que se fragmentan progresivamente debido a la acción de factores como la radiación solar, el viento y las variaciones de temperatura. Este proceso da origen a partículas cada vez más pequeñas conocidas como microplásticos.

Según su origen, los microplásticos se clasifican en dos grandes categorías. Los microplásticos primarios, son aquellos fabricados intencionalmente en tamaños reducidos para su utilización en procesos industriales o productos de consumo. Por otro lado, los microplásticos secundarios, que se generan por la fragmentación y el desgaste de objetos plásticos de mayor tamaño que se acumulan en el medio ambiente, constituyen una de las principales fuentes de contaminación en ecosistemas terrestres y acuáticos.

Químicamente, estos contaminantes invisibles están presentes en numerosos materiales de uso cotidiano. Entre los más comunes destacan el tereftalato de polietileno (PET) utilizado en botellas y envases de alimentos, el polietileno, presente en bolsas plásticas, y el polipropileno, empleado en tapas y diversos recipientes.

A ellos se suma el poliestireno expandido, conocido en Chile como plumavit, ampliamente utilizado en embalajes y con alta presencia en el entorno costero. También forman parte de esta contaminación las fibras sintéticas, como el nylon y el poliéster, presentes en la ropa, que se liberan durante el lavado y se desplazan hacia sistemas de aguas superficiales y otros cuerpos hídricos.

Presencia de microplásticos en ecosistemas acuáticos

Los ríos y costas de la Región de Los Ríos enfrentan una creciente presión ambiental debido al avance de estos residuos plásticos de pequeño tamaño que se desplazan libremente en el agua. La ingeniera en alimentos, Catalina Carrillo, aclara que gran parte de esta contaminación se origina en la basura mal gestionada que termina en los vertederos o en los desechos urbanos arrojados en la vía pública, los cuales acaban arrastrándose directamente hacia los cauces locales.

A esto se suma otra vía de ingreso de estos contaminantes a través del sistema sanitario de las ciudades. El médico veterinario y doctor en Ciencias Silvoagropecuarias, Carlos Valdovinos, explicó que estas partículas llegan a los ecosistemas acuáticos principalmente a través de las aguas residuales que pasan por las plantas de tratamiento urbanas, que no logran eliminarlas por completo.

El problema se agrava debido a los vacíos normativos en Chile en materia de este tipo de contaminación. Consultado sobre la regulación de microplásticos en ríos, Valdovinos explicó que, si bien existen leyes, como la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP) que obligan a ciertos sectores a gestionar y reciclar residuos, no hay normas que regulen específicamente la presencia de microplásticos en cuerpos de agua.

El especialista añadió que el Decreto 90 regula las descargas de residuos líquidos en aguas superficiales, pero solo considera parámetros tradicionales, como metales pesados y bacterias, sin incluir los microplásticos.

Cómo llegan los microplásticos a la fauna acuática

En enero de 2024, la embarcación científica “Centinela I” realizó una travesía de investigación marina en la que se recolectaron muestras de agua en distintos puntos para analizar la presencia de contaminación por plásticos, la cual abarcó desde Puerto Montt hasta Concepción. Los resultados mostraron que en todos los sitios analizados había microplásticos, con concentraciones que variaron entre 10.000 y 80.000 partículas por kilómetro cuadrado.

El ingreso de microplásticos a la fauna marina ocurre principalmente a través de la cadena alimentaria. Al tratarse de partículas de menos de cinco milímetros, estos residuos quedan dispersos en el agua en los mismos espacios donde peces y otros organismos acuáticos se alimentan, lo que facilita su ingestión accidental al confundirse con plancton o con alimento natural.

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Además de la ingestión directa, los microplásticos pueden ingresar al organismo a través de las branquias, cuando los peces filtran grandes volúmenes de agua para respirar. De esta manera, las partículas suspendidas en el ambiente acuático pueden ser retenidas e incorporadas al cuerpo sin necesidad de una conducta alimentaria activa.

La ingeniera en alimentos, Catalina Carrillo, explicó que los microplásticos tienden a acumularse principalmente en el sistema digestivo de los peces, especialmente en las vísceras, donde se concentran los restos del material ingerido junto con el alimento del entorno. Con el tiempo, esta acumulación puede mantenerse o aumentar dependiendo del nivel de contaminación del hábitat y de los hábitos alimenticios de cada especie.

En los mariscos, su forma de consumo implica ingerir el organismo completo, lo que puede aumentar la exposición a microplásticos. Créditos: Daniel Ramírez.

Efectos de los microplásticos en los peces

Según un estudio de 2024, publicado en Frontiers in Toxicology, la exposición a microplásticos puede provocar respuestas biológicas complejas en peces, que incluyen alteraciones de la actividad neurológica, cambios en el comportamiento alimentario y estrés oxidativo a nivel celular. El estudio destaca, además, que distintos tipos de plástico generan efectos diferenciados según su composición y grado de degradación.

El médico veterinario, Carlos Valdovinos, explicó que, en especies acuáticas, especialmente peces y anfibios, estas partículas se asocian a alteraciones hormonales que repercuten directamente en la reproducción. Según explicó, esto puede provocar una disminución de la fertilidad, una menor producción de huevos, modificaciones en las características sexuales de los machos y una reducción de las conductas de apareamiento.

El especialista agregó que, en algunas especies de anfibios, se han observado cambios sexuales, como la presencia de estructuras reproductivas femeninas en machos. Estas modificaciones también influyen en su comportamiento, dificultando el acercamiento entre machos y hembras y afectando el proceso reproductivo.

El peligro real de los microplásticos para la salud humana

La principal alerta médica sobre el bienestar de la población radica en la capacidad de estas partículas de moverse dentro del cuerpo una vez que ingresan. El doctor Carlos Valdovinos advierte sobre una preocupación científica creciente, ya que estos componentes han sido detectados en muestras de sangre humana.

Una vez que ingresan al organismo a través del consumo de alimentos marinos contaminados, los microplásticos pueden viajar por el torrente sanguíneo y llegar a distintos órganos, lo que plantea dudas importantes sobre sus posibles efectos en la salud a largo plazo.

El riesgo para los consumidores también se relaciona con su composición química, muchos de estos microplásticos contienen aditivos industriales como el bisfenol A o los ftalatos, sustancias que pueden actuar como disruptores endocrinos, es decir, que imitan hormonas y alteran el funcionamiento normal del sistema hormonal. Estos compuestos se encuentran principalmente en plásticos de uso cotidiano, como botellas, envases de alimentos, recubrimientos internos de latas, juguetes y productos de higiene personal. La exposición prolongada a disruptores endocrinos se ha asociado con alteraciones reproductivas, problemas de fertilidad, trastornos del desarrollo y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2.

Además, la acumulación de estas partículas en el cuerpo puede desencadenar respuestas del sistema inmune. Carolina Martín explica que la presencia constante de estos materiales en el organismo puede activar de forma sostenida las defensas, provocando procesos de inflamación persistente, un estado que la medicina asocia con posibles enfermedades a largo plazo.

La evidencia científica y la información recopilada muestran que los microplásticos ya no son una contaminación lejana, sino un fenómeno extendido en los ecosistemas acuáticos y presente en la cadena alimentaria. Su persistencia, capacidad de dispersión y posibles efectos biológicos aún en estudio, plantean una realidad en la que la incertidumbre no disminuye la preocupación, sino que la proyecta hacia el futuro. Uno de los principales desafíos actuales es determinar con precisión cómo se comportan estas partículas en el cuerpo humano, ya que aún no existe un método estandarizado que permita medir su presencia de forma uniforme entre distintos estudios. Frente a esto, el desafío no solo es comprender su impacto, sino también avanzar en la regulación, la prevención y en cambios en los sistemas de producción y consumo que permitan reducir su presencia antes de que sus efectos sean más difíciles de revertir.

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