La prensa y los movimientos estudiantiles a lo largo de cinco épocas

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Compilado de imágenes de protestas en distintos medios. Martín Avendaño

Historia

La evolución de las manifestaciones estudiantiles en Chile y de su tratamiento en la prensa a lo largo de las últimas décadas   

En la historia reciente de Chile, los estudiantes se han organizado en distintos movimientos que han surgido en contextos sociopolíticos complejos y han impulsado cambios en la concepción y el funcionamiento del sistema educativo del país.

En todos estos procesos, la prensa y los periodistas han cumplido su rol de informar a la ciudadanía sobre los acontecimientos. La prensa tradicional ha tendido a centrar su cobertura en los hechos de violencia, los destrozos y los actos de vandalismo asociados a las manifestaciones, dejando en segundo plano el contexto y las demandas que las motivaron. Este reportaje analiza la evolución de las protestas estudiantiles en Chile y su tratamiento mediático entre 1983 y 2026.

Durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, tras el Golpe de Estado de 1973, se instauraron en Chile un modelo económico neoliberal y una fuerte represión política que afectaron diversos ámbitos de la sociedad. Se redujo progresivamente la participación del Estado en la educación, en un proceso de privatización que transformó el sistema educativo.

Con el paso de los años, diferentes grupos estudiantiles se organizaron para manifestarse en contra de las desigualdades del sistema educativo. En ese contexto, los medios de comunicación desempeñaron un papel clave en la representación de estos acontecimientos.

La cobertura de las movilizaciones estuvo marcada por las líneas editoriales de cada medio. En el caso de la prensa afín al régimen, las manifestaciones solían ser retratadas desde una perspectiva favorable a los intereses del gobierno, especialmente en temas políticos.

Según diversos análisis de la prensa de la época, medios como El Mercurio tendieron a presentar las protestas estudiantiles desde una óptica crítica hacia los manifestantes. Sin embargo, esta representación no siempre respondería a las instrucciones directas de los medios. En muchos casos, los propios periodistas interpretaban los acontecimientos desde sus convicciones y perspectivas personales, lo que contribuía a construir una visión determinada de los hechos para el público.  

En 1988 se realizó el plebiscito que dio inicio a la transición hacia la democracia en Chile. Aunque en 1990 Patricio Aylwin ganó la presidencia, varias de las reformas implementadas durante la dictadura permanecieron vigentes. Entre ellas destacó la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) , promulgada en los últimos días del régimen militar y que continuó regulando el sistema educativo chileno. 
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Mochilazo 2001

Luego de la transición a la democracia, el primer gran movimiento estudiantil secundario del siglo XXI, denominado “Mochilazo”, se produjo en 2001. La movilización buscaba que los estudiantes pudieran continuar utilizando el pase escolar del año anterior sin pagar su renovación.

Uno de los principales motivos de la protesta fue que las empresas privadas estaban a cargo de los pases escolares, lo que los estudiantes interpretaron como una muestra del abandono del Estado en esta materia. Como medida de presión, el 9 de abril se organizó una paralización de establecimientos educativos que alcanzó una adhesión cercana al 80% en los colegios de la comuna de Santiago. Tras las movilizaciones, el Ministerio de Educación (MINEDUC) asumió la administración del pase escolar para el transporte público.

Ese mismo día se realizó una manifestación en la Plaza Los Héroes de Santiago. El acontecimiento fue cubierto por Emol bajo el titular “Violencia estudiantil en protesta por pase escolar”. Desde el encabezado, la noticia puso énfasis en los episodios de violencia registrados durante la jornada. 

La nota fue elaborada por la periodista Carolina Valenzuela, quien señaló que  “En ningún momento se nos pidió retratar a los estudiantes como vándalos”. Su testimonio sugiere que este tipo de representaciones no siempre responde a instrucciones editoriales explícitas —como sucedía hasta 11 años antes— sino también a las decisiones periodísticas tomadas durante la cobertura y la interpretación de los hechos observados en terreno.

Revolución pingüina 

En 2006, se desarrolló una de las movilizaciones estudiantiles más importantes de la historia reciente de Chile: la Revolución Pingüina. El movimiento surgió como respuesta a diversos problemas del sistema educativo heredado de la dictadura y marcó un punto de inflexión en la organización estudiantil, incorporando herramientas de coordinación a través de Internet y las redes sociales.

Las movilizaciones se extendieron entre abril y junio de 2006, y se reactivaron durante septiembre y octubre del mismo año. Miles de estudiantes participaron en tomas, paros y manifestaciones a lo largo del país. 

Uno de los primeros hitos ocurrió el 25 de abril de 2006 en Lota, cuando estudiantes del Liceo A-45 realizaron una toma para denunciar las deficientes condiciones de infraestructura del establecimiento. El hecho fue cubierto por Las Últimas Noticias bajo el titular “Alcalde de lota y el día de furia de sus escolares: se les pasó la mano”.

Al igual que en otras coberturas de movilizaciones estudiantiles, la noticia puso especial atención en los destrozos ocurridos durante la protesta. Incluso, incorporó declaraciones que responsabilizaban a los propios estudiantes por las condiciones del establecimiento.

Sin embargo, la Revolución Pingüina presentó una diferencia respecto de los movimientos anteriores. A medida que las movilizaciones crecieron y se expandieron por el país, parte de la prensa comenzó a destacar la capacidad de organización de los estudiantes y la claridad de sus demandas.

Aun así, persistieron enfoques más ligados a la espectacularización y la banalización del movimiento. Un ejemplo de ello fue una entrevista a la dirigente estudiantil María Jesús Sanhueza, cuyo titular destacó aspectos de su apariencia personal por encima de su papel como líder estudiantil.  

La periodista e investigadora Andrea Domedel , coautora del libro “El mayo de los pingüinos ”, señaló que uno de los aspectos más visibles de la cobertura mediática fue el protagonismo alcanzado por los dirigentes estudiantiles. Según explicó, la prensa destacó su capacidad organizativa y la claridad de sus demandas, en un contexto en el que los estudiantes coordinaron tomas de establecimientos y desarrollaron espacios de diálogo y reflexión en ellos.

Las movilizaciones de 2006 instalaron el debate sobre la calidad de la educación en Chile. Como consecuencia, se impulsaron reformas al sistema educativo, se aplicaron algunos beneficios para los estudiantes y, en 2009, la LOCE, fue reemplazada por la Ley General de Educación (LGE) .

El invierno chileno 

Cinco años después, en 2011, otra gran movilización sacudió el panorama nacional. En ella participaron estudiantes secundarios y universitarios, quienes exigían, entre otras demandas, mejoras en las becas, cambios en la Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE) y el fin del lucro en la educación.

A diferencia de movimientos anteriores, la cobertura fue masiva y se expandió tanto a los medios tradicionales como a las plataformas digitales y a las redes sociales.

Según el estudio “La cobertura regional del movimiento estudiantil chileno 2011” , en el que se analizaron noticias de El Diario Austral y “ El Naveghable ”. La representación de los estudiantes en El Diario Austral incluyó calificativos como “violentos” y “secuestradores del orden público”, términos que contribuyeron a construir una imagen determinada de los principales actores sociales del movimiento entre los lectores.

No obstante, cuando las noticias se referían a autoridades políticas o educativas, el discurso era más benevolente. Los resultados fueron similares en El Naveghable.

Otro estudio, centrado en noticias publicadas entre junio de 2011 y mayo de 2012 en El Mercurio de Valparaíso y el periódico digital El Martutino, concluyó que la cobertura combinó una imagen positiva y reivindicadora del movimiento –incluyendo referencias a los abusos policiales– con representaciones estereotipadas mediante expresiones como “encapuchados”, “vándalos y delincuentes”, asociadas a grupos de “adolescentes violentos” e “intransigentes”.

En conjunto, ambos estudios muestran que la cobertura mediática avanzó al reconocer con mayor frecuencia los logros, la organización y las demandas del movimiento estudiantil. Sin embargo, el énfasis en los episodios más llamativos y destructivos continuó ocupando un lugar importante en la agenda informativa.

Estallido social 

Un punto de inflexión en la historia reciente de Chile fue el denominado “estallido social” de 2019. Estudiantes y amplios sectores de la ciudadanía salieron a las calles para manifestarse contra las desigualdades estructurales del país. En el caso de los estudiantes, muchas de las demandas retomaban reclamos ya presentes en movilizaciones anteriores, especialmente en materia de educación.

El alza de 30 pesos en la tarifa del transporte público actuó como detonante de una serie de manifestaciones que rápidamente se extendieron por gran parte del país, especialmente en Santiago. Entre las principales demandas figuraban mejoras en los sistemas de salud, transporte, pensiones y educación.

Frente a este escenario, el entonces presidente Sebastián Piñera decretó estado de emergencia y toque de queda. Pese a ello, numerosos manifestantes continuaron movilizándose en distintos sectores de la capital.

El 19 de octubre, “El Mostrador” cubrió estos acontecimientos con el titular “Rebeldía generalizada en Santiago, manifestantes desafían el toque de queda y estado de emergencia”, acompañado de una fotografía que destacaba grafitis y otros elementos asociados a la protesta.

Al igual que en las coberturas analizadas anteriormente, el titular y la imagen privilegiaron una representación centrada en el conflicto y la confrontación, por sobre el contexto y las demandas que motivaban las movilizaciones.

 Compilado de imágenes de protestas en diferentes medios en 2019. Martín Avendaño

Con el paso de los años, los medios de comunicación y la tecnología han transformado la manera en que se producen y consumen las noticias. Al mismo tiempo, las movilizaciones estudiantiles han impulsado cambios en el sistema educativo y han modificado las formas de organización y de protesta.

Sin embargo, un elemento se ha mantenido constante a lo largo de las últimas décadas: la compleja relación entre la prensa y las manifestaciones estudiantiles. La revisión de las distintas coberturas muestra que, aunque el tratamiento mediático ha evolucionado e incorporado miradas más diversas, el énfasis en los episodios de violencia, el conflicto o los aspectos más llamativos sigue presente en parte de la agenda informativa.

Las entrevistas y los casos analizados también evidencian que estas representaciones no siempre reflejan una intención explícita de los medios para deslegitimar los movimientos. En muchas ocasiones influyen las decisiones editoriales, la inmediatez del trabajo periodístico y los criterios utilizados para seleccionar y jerarquizar la información.

Un ejemplo reciente fue la cobertura del incidente protagonizado por la ministra Ximena Lincolao en la Universidad Austral de Chile. Durante varios días, distintos medios difundieron repetidamente imágenes de la autoridad escapando de una manifestación, mientras el contexto y las demandas que originaron la protesta quedaron en un segundo plano. Más que desaparecer, la tensión entre la prensa y el movimiento estudiantil ha evolucionado a medida que han surgido nuevas formas de comunicación.                                                 

                                                                                  Escrito por Agustín Albornoz y Martín Avendaño

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