Presidenta y fundadora de la agrupación Panteras Disidentes. Foto cedida por Lilith Trujillo.
Lilith Trujillo, de 26 años, es activista por los derechos de la comunidad LGBTQIANB+ y se desempeña como estudiante de Administración Pública en la Universidad Austral de Chile. Actualmente reside en la Región de Los Ríos, donde visibiliza las problemáticas que afectan a las disidencias.
Nacida y criada en Santiago, hoy vive en Valdivia, donde ha participado activamente en intervenciones públicas, como en marchas y en la toma de la sede de la Democracia Cristiana en 2022. Esta entrevista busca dar a conocer, a través de su experiencia, los desafíos y realidades que enfrentan las disidencias sexuales y de género en Chile, abordando temas como el activismo, la desigualdad territorial, el acceso a derechos y el actual escenario político.
¿Cómo era la relación con su entorno cercano cuando comenzó a explorar y a manifestar su identidad?
Entre mis 13 y 14 años empecé a utilizar mis pronombres femeninos y el nombre “Vicky” con mi círculo más cercano de amistades. Fuera de ese círculo, había un trato muy hostil hacia mí por parte de los compañeros, así como de mi familia. Si bien por el lado paterno hay un apoyo profundo, no siempre ha sido así.
¿Recuerda algún punto de inflexión que la haya llevado a tomar la decisión de involucrarse en el activismo por las disidencias?
Sí, mi primera vez defendiendo a la comunidad fue en el 2013, tras el asesinato de Daniel Zamudio y la promulgación de la Ley N°20.609. En ese contexto, una profesora de religión emitió diversas descalificaciones, entre ellas que la homosexualidad era algo que se podía “corregir”. Mi reacción no fue prudente, pero finalmente la desvincularon. En ese momento algo en mí nació; sentí que podía hacer algo, detenerlo todo si era necesario.
Desigualdad territorial
La falta de un policlínico especializado para personas trans en la Región de Los Ríos es una problemática de hace años que impacta directamente en la salud de la comunidad, y además es la única región del país que no cuenta con uno.
¿Considera que la falta de un PoliTrans responde a un problema de recursos, de gestión o de voluntad política?
Hubo muchos funcionarios públicos que fueron y siguen siendo un obstáculo para la creación de un policlínico para personas trans en la Región de Los Ríos. Es una situación compleja de abordar porque, en la mayoría de los casos, se trata de personas que no aceptan un diálogo directo. La canalización de recursos para un PoliTrans es absolutamente necesaria para que veamos una comunidad más saludable, a propósito de la significativa cifra de suicidios e intentos de suicidio en nuestra comunidad.
Según la OTD (Organizando Trans Diversidades) (2017), el 56% de las personas trans ha intentado suicidarse al menos una vez en su vida, siendo la etapa más crítica entre los 11 y los 18 años.
¿Cómo impacta la desigualdad territorial en el acceso a los derechos de la comunidad, especialmente fuera de Santiago?
Uno de los mayores problemas que enfrentamos en los últimos años es la falta de estadísticas que reflejen la realidad de las personas LGTBQIANB+, especialmente fuera de las comunas con mayor población. No existe un trabajo transversal desde el Estado, lo que vuelve esporádicos los esfuerzos por implementar políticas públicas.
¿De qué manera esta falta de registros e informes invisibiliza la realidad de las disidencias en la Región de Los Ríos?
Un ejemplo claro de esta problemática se evidenció el 2025, cuando en el Día de la Visibilidad Trans, la portada del Diario Austral de Valdivia dio a conocer que, según el Informe Anual del MOVILH, las denuncias por crímenes de odio hacia las personas de la comunidad aumentaron un 16% en la Región de Los Ríos, pero si vemos esas estadísticas en detalle, nos encontramos con que son solamente reconocidas las denuncias de las comunas que cuentan con una Oficina de la Diversidad en sus municipios, como Valdivia y Panguipulli, dejando de lado el resto de localidades.
Proyección y reflexión
El escenario actual se caracteriza por un gobierno de derecha, en un contexto de riesgo de retrocesos en materia de derechos para la comunidad.
¿Qué desafíos serán clave para las disidencias en los próximos años?
Creo que todos los avances para las disidencias no están escritos en piedra; fácilmente podemos volver a un escenario mucho más precario y violento. Sin duda, ahí está nuestra responsabilidad como comunidad: articularnos política y socialmente con tal de conseguir defender nuestros derechos, consiguiendo mayores voluntades políticas.
¿Existe el riesgo de que ciertos derechos que se consideraban avanzados retrocedan ante el avance de la ultraderecha actualmente?
Sí, pese a que en su campaña el actual presidente José Kast afirmó que no entraría en la llamada “agenda valórica”, recientemente diputados del Partido Republicano presentaron un proyecto de ley para que deportistas trans deban competir según el sexo asignado al nacer, sin importar los niveles hormonales ni la vulneración de derechos que ello implica.
¿Tiene interés en seguir participando en espacios de representación política?
La verdad, cada vez menos. Creo que es importante avanzar en mis estudios, conseguir estabilizarme más financieramente y a nivel personal. “Yo soy romántica”, como dijo la expresidenta Michelle Bachelet. Tengo otras prioridades y me gustaría formar mi familia, seguir avanzando en el deporte, titularme, hacer mi vida.
La trayectoria de Lilith Trujillo da cuenta de un proceso marcado por la resistencia, la organización y el compromiso con su comunidad. Desde sus primeras experiencias personales hasta su rol en el activismo, su historia refleja no solo las dificultades que enfrentan las disidencias, sino también su capacidad para impulsar cambios en la sociedad.
En el actual escenario político, marcado por la incertidumbre para las disidencias, su llamado a la articulación y a la defensa de los derechos cobra especial relevancia, lo que plantea desafíos que requerirán nuevas formas de organización. Al mismo tiempo, su decisión de priorizar aspectos personales abre una reflexión sobre los costos del activismo y la necesidad de construir futuros más dignos, tanto a nivel colectivo como individual.
Escrito por Antonia Serey Pérez.
