A sus 86 años, Rodolfo Catricheo continúa haciendo sus propias prendas. | Créditos: Gabriela Martis.
El reconocido sastre declaró que lleva con mucho orgullo y cariño a su familia y a su profesión.
Rodolfo Catricheo, oriundo de la comuna de Máfil, llegó a Valdivia a los 16 años para continuar sus estudios en el Liceo de Hombres y allí conoció la sastrería.
En los 70 años que lleva desempeñándose como sastre recibió una gran variedad de reconocimientos, que lo convirtieron en una figura relevante para la capital de Los Ríos.
Con esta entrevista se explora más allá del “patrimonio viviente” para conocer su memoria y lo que más aprecia.
¿Cómo llegó a trabajar en la sastrería?
Fue por casualidad, porque de niño uno dice voy a ser chofer o mecánico, pero tocó que una señora amiga de mi padre le dijo: “¿Por qué no llevamos al Rodolfo a que termine de estudiar en Valdivia en la escuela nocturna?”. Estuve estudiando hasta segundo de humanidades, después me tocó el servicio y no fui más al colegio.
Ella me llevó a la sastrería “Sanhueza Hermanos”, donde empecé a trabajar como junior. Después trabajé con Pedro Contreras y de ahí fui a trabajar con el señor Villegas. Pero yo, como aprendiz, porque el aprendiz está con el operario que sabe trabajar, él le está enseñando a hacer las tapitas y el colchado. Hasta que toca forrar, encandelillar, que es otra cosa.
Después, para saber hacer el vestón y los pantalones, tuve que hacer un curso de corte y confección. Tuve de maestro a Gilberto Molina, que era titulado en un colegio de sastres en Concepción y se vino a Valdivia. Tuve la suerte de encontrar a ese hombre, y me enseñó a hacer el corte estilo americano tipo confección.
En su tiempo de aprendiz, ¿tuvo algún momento en el que usted dijera “esto es a lo que me quiero dedicar”?
A mí me gustaba porque era una profesión muy limpia, porque se tiene que andar bien decente. Esos años, cuando empecé a trabajar en el año ‘56 todo se hacía a medida. La sastrería en esos años ganaba mucha plata.
Cuando los sastres empezaron a desaparecer con la llegada del retail, ¿por qué usted siguió?
Yo siempre he dicho que el maestro chasquilla no sirve en ninguna parte, porque aprende a medias y así sigue.
Uno que se dedica a la profesión y la quiere quiere que salgan los trabajos bonitos. Es feo que esté el cliente; uno tiene mechas colgando y hay que estarlas cortando. «Nopo’» , tiene que ser perfecto. Eso es lo principal.
Barrio Estación
Rodolfo Catricheo abrió en 1972 la “Sastrería Catricheo”, que instaló frente a la iglesia del Sagrado Corazón, y en 1992 se trasladó a su local actual en el mismo sector. Llegó cuando el barrio Estación era considerado el “segundo centro” de Valdivia, pero hoy en día es conocido como el barrio Comercial Plazuela Berlín.
¿Cuál era su local favorito del barrio Estación?
Aquí mismo donde estoy arrendando, “El Guatino” se llamaba; era un restorán. Acá había harta entretención; los viejitos jugaban al cacho; otros jugaban rayuela y tenían una canchita.
En Bueras también había mucho negocio; el barrio era muy comercial. Venían en ferrocarriles y, cuando llegaban a Talcahuano, se bajaban del tren todos curaditos. Muy bueno ese barrio.
¿Usted jugaba a la rayuela en el barrio Estación?
Sí, y fui dirigente del Club Deportivo Rayuela Beauchef durante unos 8 años. Nosotros teníamos la asociación de rayuela que estaba al lado del estadio. Ahí tuve la suerte de sacarnos campeones de Valdivia y de campeones regionales.
Desde junior ando con camisa y corbata; entonces, cuando iba a la cancha de rayuela, me decían: “Catricheo, con la pintita con la que vienes a jugar al tejo”. “Oye”, le decía, “esta es mi ropa de trabajo, es la misma con la que andas tú, pero mi trabajo es distinto”.
Logros y metas
En sus 86 años de vida, Rodolfo Catricheo, logró volverse una figura importante para la región de Los Ríos, pero también están sus triunfos personales.
¿Está orgulloso de su vida?
Estoy orgulloso de mi familia y de mi suerte. Porque yo he tenido suerte, encontré una linda mujer, buenos hijos y una profesión que me ha acompañado para todo lo que necesitaban los chicos.
Y yo decía: ustedes quieren a su madre; no importa que a mí no me quieran nada, porque ella tenía que levantarse, ir a dejarlos, buscarlos, cocinar en mi casa; es mucho trabajo. Y yo me dedicaba a trabajar y uno se relaja más aquí que la mujer que está trabajando con los cabros estudiando.
Se casó con Erica Prieto en 1964 y de sus 7 hijos, 3 fallecieron cuando bebés. De sus 4 hijos vivos una mujer y un hombre son diestros, mientras la otra mujer y hombre son zurdos. “El de arriba manda”, comentó el sastre al respecto.
¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
Como le digo, la sastrería, yo la aprecio porque me ha dado todo lo que he tenido. De ser junior a llegar a tener esta sastrería, me encuentro muy feliz y, más encima, me han hecho tantos reconocimientos. Yo doy gracias a Dios por la suerte.
Y cuando la UACh lo reconoció como patrimonio viviente, ¿cómo se sintió?
Feliz «pue’», si además me pagaron. Me dieron un par de pesos por la entrevista y es un reconocimiento que me valió harto porque, como tenía la asociación de sastres, después me hicieron el reconocimiento. Ahora me busco en internet y me encuentro. Entonces, para mí, fue una propaganda gratis.
¿Qué tiene planeado?
Terminar mis años de travesuras, como yo le digo, hasta los 90 años. Esto me sirve mucho porque, si yo estuviera en la casa, ¿qué haría? Nada, y aquí yo siempre estoy trabajando; tengo todas las medidas memorizadas y se mantiene mi cabecita.
El señor Catricheo es un ejemplo de trabajo duro, pasión y dedicación, que sobrevivió al pasar del tiempo y cambios de la ciudad de Valdivia. Durante unos años más, mantendrá viva la figura del sastre en su local “Sastrería Catricheo” en Av. Picarte #1985, donde las memorias se mantienen.
Escrito por Gabriela Martis W.
