“Una semana común, como todas las otras”

La vida está llena de momentos.  Pero como en toda vida de un estudiante, son pocos los momentos interesantes o dignos de contar, y en este punto es donde está la belleza del día a día y las cosas que se destacan en la vida de uno.

Tal cual, la vida de un estudiante este llena de estrés, decepciones, enojos y muchos tristezas, o quizás sea sólo la mía, por lo que uno busca las pequeñas cosas para aferrarse y hacer que el salir de la cama no sea tan difícil.

En mis años en Valdivia, lamentablemente, me aferré a comer rico y flojear harto. Pase de ser la mechona estudiosa a la estudiante promedio, pero, a diferencia de los que piensan todos, la flojera no viene por sueño, a veces uno sabe que afuera todo es tan complicado que mejor quedarse escondidita donde todo es más fácil y durmiendo el día pasa más rápido. Este horrible pensamiento, aun que aún a veces presente, se esfumó desde que llegó a mi vida la compañía de dos entes que me dan responsabilidades, amor y comprensión absoluta: mi pareja y mi perro pepito. Teniendo este apoyo, deseado e inexistente por muchos muchos años, al momento de ver que haré en el día, logro visibilizar un día entretenido, lleno de cosas por hacer y siempre, risas, haciendo mi existencia algo más grato.

Con el conjunto de las siguientes fotografías se puede conocer un poco más los puntos que destacan en mi vida cotidiana, donde se deja ver con gran simpleza lo más importante en esta: mis entornos (Valdivia, Universidad),  mi familia (pareja y perrito) y la comida. Eso define mi  día a día y mi felicidad.

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